Cuando uno piensa en las vacaciones el primer sentimiento suele venir acompañado de un gesto de “toma ya”, sabiendo que te librarás del trabajo y podrás dedicarte a desconectar durante unos días.

Yo pensaba que siempre era así, para todas las personas, para mí. Pero las circunstancias cambian.

Quizá es bueno que sepáis que no soy muy fan del verano, de la playa y del calor, en general. Aunque si lo soy del tiempo de desconexión.

Eso era hasta este año, en el que decidí ponerme a escribir en serio.

Se me hace raro pensar en que cuando estaba haciendo la maleta para pasar dos semanas de vacaciones junto a mi chica, lo primero en lo que pensé es que necesitaba un ordenador portátil (que no tengo). No para ver películas en zonas carentes de conexión a internet. No. Para poder escribir.

No fui consciente hasta que llegamos a Málaga, a casa de unos amigos, de que lo primero que les pregunté es si podía usar su WiFi.

No fui consciente hasta que llegamos a Guadalajara, donde la familia de mi novia tiene una casa, de que lo primero que hice es buscar un sitio donde poder escribir tranquilo.

No fui consciente hasta que llegamos a Cornago, un pueblecito de La Rioja donde tienen una casa mis tíos, de que lo primero que hice es poner el portátil sobre la mesa del comedor.

Y ahora, escribiendo esta entrada, ya desde la calurosa Alcorcón, me doy cuenta de que escribir, que ya estaba empezando a considerar mi actividad profesional, sigue guardando una relación directa con ser una de mis aficiones.

Lo he escuchado tantas veces que mientras lo escribo hasta me entra la risa:

“Trabajes en lo que trabajes, disfruta de ello”

Y en estas vacaciones he sido consciente de que, por primera vez, esa frase se ha materializado.

Estos quince días de vacaciones han sido magníficos:

He disfrutado de la compañía de nuestros amigos…

He bebido cerveza hasta las dos de la mañana arreglando el mundo…

He probado el Paddle Surf, con resultado nefasto…

He visto al niño recién nacido de nuestros amigos más íntimos…

He podido disfrutar con la familia de grandes sobremesas…

He podido degustar el tiempo con mi pareja…

He podido volver a sentir mi amor por el deporte y la libertad que te da…

Pero también he disfrutado de otras cosas, relacionadas con lo que ahora es mi profesión…

He escrito mas de 20000 palabras y algunos días he decidido parar…

He puesto las primeras piedras para un futuro libro que me gustaría escribir…

He publicado un par de entradas en cada uno de mis blogs…

He terminado de leer las dos primeras partes de La primera Ley y estoy deseando saber que pasa con Logen Nuevededos…

Y estoy a punto de terminar la segunda parte del libro, la que concluirá Proyecto Aesteria.

Y hoy, cuando me he puesto a escribir esta entrada, me he percatado que tengo ganas de volver a irme de vacaciones, pero, sobre todo, tengo unas ganas inmensas de seguir escribiendo y descubriendo el camino.

 

 

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