23.52 pm. Un día cualquiera…

“Mañana tengo que madrugar, pero el capítulo está tan interesante que no quiero dejarlo aquí. Voy a pasar unas páginas a ver cuanto le queda…”

Es posible que muchos de vosotros hayáis vivido una situación como esta en alguna ocasión. ¿Qué pasó al final? Hay muchos finales a la frase. Pero, como escritor, uno de esos finales es mucho más apetecible que otros:

01.17 am. Del día siguiente a uno cualquiera…

“¡Pero qué hora es! Estaba tan metido en el libro que no me he dado cuenta…”

Hay muchas formas de llegar a este punto (o de no hacerlo). Uno de los aspectos importantes (que para mi es esencial), es el ritmo del libro. La capacidad del escritor de hacer fluir su novela de manera que al lector se le pase el tiempo volando.

El ritmo es un concepto que es fácil de estructurar en tres puntos muy concretos: narración, descripción y diálogos.

La suma de estos tres aspectos y el desarrollo dado a cada uno de ellos, van a marcar la “velocidad” de tu novela.

¿Cómo decidí cuál iba a ser el ritmo de Proyecto Aesteria?

  • Narración. Por definición, la narración da ritmo a la novela. En el caso de Proyecto Aesteria iba a correr a cargo del personaje principal (Ethan). La narración en primera persona permite acelerar el curso de la acción, ya que solo tenemos un punto de vista. Como arma de doble filo, utilizar este tipo de narrador obliga a estar muy pendiente del flujo de la trama.

Para evitar este problema, los capítulos de Proyecto Aesteria son cortos y saltan en el tiempo (por breves periodos) para explicar aspectos que puedan quedar sueltos en capítulos anteriores.

  • Descripción. Al contrario que la narración, la descripción ralentiza el ritmo. Podéis pensar en libros como El Señor de los Anillos o Los pilares de la Tierra, son ejemplos magníficos en el terreno descriptivo. Hay que ser un maestro para describir, al detalle, lo que pasa en la novela sin hacer que el ritmo llegue a pararse.

En Proyecto Aesteria he querido buscar que la descripción venga de la mano de las vivencias y pensamientos de los personajes. Del mismo modo hay un lado negativo y es que puede parecer que hay situaciones no definidas. En este punto, utilizar capítulos cortos, también tiene como objetivo limitar la sensación de vacíos descriptivos.  

  • Diálogos. El motor de la acción y del ritmo veloz. ¿Es así siempre? No tiene por qué. Se puede hacer un diálogo tan realista como para que el 80% sea insustancial (esas conversaciones de ascensor con los vecinos). No tiene que ser malo, pero hay que pensar en si es eso lo que un lector quiere tener delante de sus ojos.

En el caso del libro, una de mis máximas siempre ha sido que cada párrafo tenga incidencia en la historia. No podía ser menos con los diálogos. ¿Significa eso que todo tiene que ser relevante? No, significa que la conversación, al completo, tiene que dar información que permita avanzar a la historia y que no detenga el ritmo. Lenguaje natural, conversaciones coloquiales, pero no por ello insustanciales.

Una forma muy sencilla de detectar si el ritmo de tu novela te gusta o no, es a la hora de corregir. Leer en voz alta los capítulos te permitirá saber si la historia se desarrolla según tus deseos o si, por el contrario, estás deseando pasar páginas para ver de que hablan tus personajes.

No hay ritmo mejor ni peor. Hay buenas y malas experiencias de lectura.

Pensad sino en el ritmo de vuestros libros favoritos. ¿Cuál es el ritmo que se adapta mejor a vosotros?

 

 

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2 comentarios en “La arena del reloj: ritmo

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