Como corredor aficionado y triatleta (de palo, pero veterano), siempre he tenido muy presente el concepto de muro.

Ese escollo que te asalta, en un momento determinado, y que te impide alcanzar tu objetivo.

En el deporte es algo bastante habitual (y con lo que había conseguido lidiar). Aún así no estaba preparado para enfrentarme a otro tipo de problemas, porque escribir también tiene sus propios muros.

Cuando los encontré, quizá haberlo hecho antes en otros ámbitos, me proporcionó las pistas para buscar la escalera que me permitiese superarlos.

¿Y cuáles son esos muros literarios?

No hay que ser presuntuoso, en el sentido de que lo que han sido muros para mí, quizá no lo sean para otros, o viceversa, pero la norma (no escrita) de que si alguien ha hecho un post sobre ello, es un problema que te encontrarás, es bastante aplicable. (¡Ojo! Porque en internet hay de todo).

En mi caso, los muros se posicionaron en dos puntos muy concretos: muy al principio y muy al final. El trayecto entre esos dos muros ha sido bastante apacible (una vez que decidí que podía avanzar sin saltar las paredes, de momento).

Título.

¿Es posible qué eso suponga un problema? Pensemos por un momento en el mundo en el que nos movemos. Hoy en día (salvo que estés podrido de pasta y hayas decidido escribir. Cosas más raras se han visto), la primera opción viable para publicar un libro es en formato ebook. Tu libro debe ser elegido, entre muchos otros, por un combinación de portada, sinopsis y (¡premio!) el título.

Baste decir que, en mi caso, ya tenía el libro escrito y revisado (que no corregido) y aún no tenía el título.

Hay muchas formas de encontrar un buen título para tu libro (aunque seguro que te costará decidir). Os dejo este artículo bastante interesante para echaros una mano.

Introducción.

O ese primer capítulo que decidirá el destino de tu libro (la más absoluta soledad o una pequeña oportunidad de adornar la librería de otra persona).

Sobre este punto en concreto he leído un montón de artículos. Y aquí hago un breve paréntesis en forma de símil o comparación.

Siempre he dicho que para un hipocondríaco internet es el peor invento del mundo. Todas las enfermedades (y sus síntomas) a un solo clic de distancia. Pues con la narrativa pasa un poco lo mismo, siempre habrá un artículo que te diga que eso que has hecho (ahora mismo) esta mal, ¡muy requetemal!

Ahí entra vuestra capacidad para ser coherentes. No existe una regla que te diga como hacer una introducción perfecta. Sí consejos, si ayuda de personas que han pasado por lo mismo, pero al final estaréis vosotros y vuestra novela. Vosotros deberéis decidir que es lo que más coherencia le da a vuestro escrito.

De hecho, el artículo que os “linko”, y que recomiendo, hace que mi introducción incumpla dos de sus consejos, pero decidí que mi novela no podía funcionar de otra manera (¡me la juego!).

Final.

No va a ser definitivo para que la gente compre vuestro libro (salvo esa especie, extraña, que prefiere saber primero el final), pero si va a dejar ese gusto final en el paladar del lector, que hará que recomiende vuestro libro a todas sus amistades o bien que compre vuestros siguientes libros. (Esos que vas a seguir escribiendo aunque tu cuenta corriente tenga muchos dígitos. ¡Por amor al arte!).

De nuevo, hay infinidad de consejos sobre como escribir algo tan personal e intransferible como el final de vuestra novela. Si con la introducción os recomendaba ser precavidos, con el final os apremió a ser más cuidadosos aún.

Leeréis artículos en los que os digan que si queréis ser diferentes, deberéis hacer algo distinto. No es que discrepe, solo digo que aunque vuestro libro no sea original (y si no no hace falta nada más que ver el boom de la literatura juvenil o romántica/erótica), no tiene porque ser uno más. Vuelvo a remitirme a la coherencia y añado el concepto de la calidad. Sed autocríticos.

¡Vale, mi libro trata sobre un tema algo manido, pero le he puesto todo mi empeño e ilusión! (y un montón de horas delante del ordenador, espero). Que un artículo no os quite esa energía.

Si os sirve como criterio, el final definitivo de mi novela me llegó (¡Sí, como si fuese una epifanía!) mientras me duchaba. En ese caso si que os doy un consejo muy útil. ¡Anotadlo! Donde sea (papel higiénico es papel al fin y al cabo). Es una de las cosas que leí en este artículo y a las cuales estaré eternamente agradecido.

En último término, cuando os encontréis con éstos u otros muros, recordad cual es la finalidad de vuestro libro, qué queréis contar y a quiénes. 

Los muros son herramientas formidables que no solo ayudan a buscar herramientas para superarlos y hacerte más listo (y más miope), sino que son una inyección de motivación extra que puede suponer la diferencia.

¡No dejéis de escribir!

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