Del lat. trama.

Disposición interna, contextura, ligazón entre las partes de un asunto u otra cosa y, en especial, el enredo de una obra dramática o novelesca.

Pues eso, que dicho en lenguaje más de la calle es: el meollo de la cuestión. 

Como nos dice la RAE (con un lenguaje que, desgraciadamente, pasará a desaparecer en los próximos años), la trama es el armazón que va a sustentar una novela.

Ni que decir tiene que es uno de los granos de arena más importantes que tiene nuestro reloj. ¡Ojo! La trama va a ser el hilo conductor, el camino del que parten los demás y, por ello, debemos prestarle especial atención.

De momento todo parece muy lógico, ¿verdad?

¿Cómo voy a olvidarme de la trama principal? ¿Cómo voy a irme por las ramas y no darme cuenta?

Pues, al parecer, no es tan difícil cometer este tipo de errores. No voy a hablar de lo que tiene que tener una buena trama o lo que tiene que tener para que sea horrible, o cuáles son las claves para construirla, de esto hay mucha información en la red. Lo voy a hacer de un par de temas, algo más esquivos y que me dieron quebraderos de cabeza, bastante importantes, mientras escribía Proyecto Aesteria.

La trama no tiene por qué ser el objetivo de tu libro.

Me explico. Una buena trama va a hacer que tu novela tenga el pegamento suficiente para que el lector siga pasando páginas, pero quizá no es el motivo que quieres transmitir en tu novela. Quizá tu pensamiento pasa por crear un final que haga pensar o que tus personajes cobren vida en la cabeza del lector o, simplemente, quieres crear una historia divertida, para ti y los que te leen.

Esto es muy importante, porque es muy fácil gastar muchos recursos en hacer redonda la trama, y dejar cojas otras partes. Se puede trabajar para que no haya cabos sueltos, desde luego, pero hay que tener claro que es lo que quiero de mi libro.

El primer borrador de Proyecto Aesteria tenía una trama mucho más científica y complicada, pero hacía que los personajes fueran meras piezas al servicio de la trama y no era el tipo de libro que quería escribir. ¿Significa eso que la trama actual es más floja? No, pero tampoco es el motor central de la novela.

Un consejo muy sencillo (que a mi me ayudó bastante) es hacer una lectura completa por cada bloque de capítulos. De ese modo podrás saber si la trama se desarrolla según tus criterios y si se adapta a los objetivos previstos para tu libro.

Recuerda que la trama principal es la más importante.

Por la experiencia, leyendo libros, y por lo mucho que he podido ver de otros escritores o blogueros, este es uno de los mayores ejemplos de fracaso en una novela: la trama principal queda diluida cuando hay muchas subtramas.

La presencia de las subtramas (de las que hablaremos a no mucho tardar) es básica para que una novela tenga riqueza. No en pocos casos son las subtramas las que le dan chispa al argumento central y, no pocos casos tampoco, en los que esas subtramas mantienen absorto al lector (“Quiero saber qué pasa con este secundario tan molón”). Pero por algo tienen el prefijo sub, porque rinden pleitesía a la reina.

Hay muchas formas de mantener el foco sobre la trama principal. Se puede hacer como forma de trabajo, con la escaleta (de la que hablamos hace poco). Se puede lograr mediante la forma de escribir, por ejemplo, utilizando un narrador en primera persona para la trama central y un omnisciente para el resto (aunque esto es complicado, si no quieres hacerle un lío al lector). Incluso se puede lograr con los propios títulos de los capítulos, centrando la acción en un lugar o en un tiempo concretos.

La razón por la que empleo capítulos muy cortos en Proyecto Aesteria obedece a este criterio. Puedo utilizar capítulos para la trama principal y para las subtramas y controlar, en todo momento, cuándo vuelvo a una u a otras.

No siempre la trama es la guinda del pastel.

Pensad en vuestros libros favoritos. ¿En cuántos de ellos es la trama la que os absorbió? O fue el carisma de cierto personaje (¡Oh John Nieve!) o la velocidad a la que discurre la acción (por ejemplo en el Código DaVinci); o lo buenos que son los diálogos (si sois de humor absurdo os encantarán las conversaciones de los personajes de Pratchett).

Y aquí volvemos a diferenciar la trama del objetivo. La trama tiene que ser potente, adictiva, pegadiza, o puede ser simple y llana y rodearla de un mundo magistralmente recreado o unos personajes para el recuerdo. Por ejemplo, os recomiendo volver a ver El sexto sentido y que me digáis en que momento la trama de la película da un salto. (No os preocupéis que no hago spoiler)

Como digo, en Proyecto Aesteria, la trama principal cumple con su función de pegamento, pero me gusta pensar que son otras cosas las que le dan vida al libro.

Como veis no hay una solución perfecta a como trabajar con la trama. Como siempre digo, no hay que parar de leer: libros, información y cualquier cosa que caiga en vuestras manos, pero sobre todo…

¡No dejéis de escribir!

Link Foto portada.
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3 comentarios en “La arena del reloj: trama

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