Aclararé el título del post, que luego vienen las confusiones. Si buscas un método infalible para escribir sin esfuerzo y que, aún peor, de ahí salga un libro de calidad, éste no es tu post (ni, seguramente, tu blog).

Sin embargo, si quieres saber cuál es la experiencia de un escritor novel, quizá (y solo quizá) puedas sacar algo de utilidad.

Después de un tiempo concentrado en una sola cosa (el multitasking no es lo mío), me doy cuenta de que el resultado parece, como poco, satisfactorio.

180000 palabras en 8 meses tampoco es tanto (son unas 750 palabras al día), que luego tengan sentido quizá si es un poco más difícil, pero hay que mirar en perspectiva, no es un objetivo imposible.

¿Cómo se puede lograr esa marca?

Solo hay un secreto: constancia y organización.

Escribir es una tarea un tanto particular: se necesita una gran cantidad de concentración, muchas dosis de fuerza de voluntad y unas gotas de motivación (lo de la inspiración lo incluimos aquí si queréis).

Al final se reduce a algo tan sencillo como: un trabajo más.

Cuando empecé con Proyecto Aesteria, estaba lleno de motivación, fuerza de voluntad y una capacidad bastante aceptable de concentración, pero no empecé a funcionar de verdad hasta que no conseguí canalizar toda esa energía y organizarla de modo productivo.

“¡Qué frío y calculador!”

Siento decir a todos aquellos que creéis en las musas y la inspiración divina, que esto de escribir va de meter muchas horas y muchas de ellas a cara de perro.

Constancia.

Es un concepto a manejar con cuidado, no es solo ponerse un objetivo de palabras al día (que ayuda), hay que pensar que escribir un libro tiene muchas tareas asociadas y, cada una,  necesita dedicación. Algunas de esas tareas nos van a encantar (como hacer la ficha del personaje principal) y otras pueden parecernos un tostón (como revisar que todos mis diálogos van con — y no con -).

La constancia (la buena) consiste en saber qué tiempo dedicarle a cada tarea, hacerlo de manera consciente y trabajar en ello. Un día sí y otro también.

A mi me ayudó mucho hacer una lista de tareas y el tiempo que creía que me podían llevar. Luego añadí esas tareas a un calendario/agenda (de calidad criticable) y, por lo menos, tuve una referencia.

Organización.

La madre de todo el proceso. No digo que no existan escritores caóticos que escriban cuando les viene bien y hagan obras maestras. Pero creo que Stephen King (por ejemplo) es más de tenerlo todo atado.

En este punto hay dos cosas muy a tener en cuenta: las herramientas y el tiempo.

Herramientas. Aunque pueda parecer una evidencia, cuanto mejores sean más fácil será todo.

Todas las tareas que has escrito en el paso anterior van a generar, en muchos casos, documentos, notas o apuntes que, en algún momento, te serán útiles. Independientemente de que seas un clásico (todo en papel) o un fan incondicional del ordenador (mi caso), es importante que puedas encontrar toda esa información de manera sencilla.

Hay un montón de artículos que hablan sobre estas herramientas y sobre cómo utilizarlas. Hay algunas útiles, otras curiosas y otras que te servirán en momentos puntuales.

Si me aceptáis el consejo, una de las primeras cosas que deberíais plantearos es el procesador de texto.

Yo empecé con Word (como todo hijo de vecino), ahora estoy probando con Scrivener (si queréis saber más de este señor, y otros, no dejéis de leer este artículo), y me doy cuenta de lo que significa jugar en Champions.

No hay herramientas infalibles, pero elegid aquellas que penséis que pueden seros útiles. (Yo por ejemplo escribo mejor escuchando algo de música)

Tiempo. ¡Si señor! El que todo lo manda y todo lo puede. Es limitado, a veces muy poco y a veces demasiado, pero es lo que hay (hasta que alguien invente una máquina del tiempo portátil). Así que hay que aprender a utilizarlo.

Como veis hay muchas cosas que tratar y trabajar cuando se escribe un libro, pero no solo de letras vive el escritor; me imagino que comeréis, dormiréis e incluso, los más suertudos, igual tenéis hasta vida social.

Hay que recordar que las ideas (combustible principal de un escritor), a veces vienen en el momento que menos te lo esperas y no siempre es delante del ordenador o con una libreta a mano.

Como os digo, tener una agenda en la que organizaros vuestro tiempo, es primordial. Luego hay que ser flexible al utilizarla, pero es una buena piedra de toque.

Por último, pero no menos importante, el último consejo del día: no se llega a 750 palabras así como así…

¡No dejéis de escribir!

Link foto portada
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s