Hasta ahora hemos ido descubriendo muchos de los elementos que conforman un libro, pero nos falta hablar del pegamento que va a unir todas esas partes y va a conformar una novela perfecta y que dará la vuelta al mundo (o bueno, al menos tendrá un lugar de privilegio en vuestra estantería).

La narración.

Hagamos un breve repaso de los elementos que tenemos hasta ahora:

  • Hemos decidido qué tema vamos a tratar, a qué género pertenece y cómo vamos a describirlo: la historia.
  • Hemos seleccionado un buen grupo de personajes a través de los cuales viviremos la aventura.
  • Tenemos una herramienta que nos ayuda a saber cómo se desarrolla la historia, cuáles son los puntos clave y cómo se entrelaza todo. Nuestro guión novelístico particular: la escaleta.
  • Sabemos qué velocidad queremos imprimirle a la historia y cuándo subir y bajar ese ritmo.
  • Sobre nuestra mesa esta el tema principal sobre el que queremos hablar y sobre el que va a girar todo el argumento: la trama.
  • …y otro montón de temas, algo menos importantes, pero que harán que el principal sea mucho más rico e interesante: las subtramas.
  • Por último somos conscientes de que para que mi novela tenga algo de impacto, debo despertar las emociones del lector para conseguir que termine mi libro (y lo recomiende, me compre los siguientes y quiera seguirme al fin del mundo…)

¿Pero con todo esto aún hace falta escribir mas?

Digamos que estos elementos son el tronco y las ramas de tu árbol, son elementos algo monocromáticos y que por separado no lucen demasiado (en las fechas que estamos, mirad por la ventana y decidme cuanto os gustan los árboles que veis), así que hace falta dar el toque de color y completar el árbol con todas esas hojas, frutos y nidos de pájaros (molestos y preciosos a la vez).

Falta narrar la historia.

¿Y cómo de importante es?

Los elementos que forman tu libro pueden ser magníficos pero no lucirán si tu forma de transmitirlos no lleva a ningún lado.

Como siempre hay toneladas de información en la red. Miles de listas de “top 7 errores que puedes cometer” o “5 cosas que te harán ser…”, de las cuales se pueden sacar muchas conclusiones interesantes y útiles, pero como siempre os dejo aquí algunas cosas que he aprendido leyendo y probando (ensayo error le llaman ¿no?)

  • Cuidado con el narrador. Ni que decir que este señor (participe o no en la historia, leed este interesante artículo) tiene que hablar con propiedad y vocalizar. (Aunque eso me recuerda a Brad Pitt en Snatch, Cerdos y Diamantes y me entra la risa).

No importa que hayáis elegido un narrador omnisciente o que sea en primera persona, los tiempos verbales son iguales en todos los sitios. Si alguien estaba hablando en pasado es bueno que no cambie a presente por arte de magia.

Si vuestro libro esta plagado de personajes que narran la historia desde su punto de vista recordad que hay que decirle al lector dónde y cuándo se encuentran esos actores. Mención aparte a los flashback o los flashforward (saltos atrás o adelante en el tiempo), hay formulas muy sencillas para delimitar el tiempo y el espacio (Torrelodones, 25 de Diciembre de 1981), pero hay veces que eso es insuficiente. Recordad que nadie va a tener más información que vosotros sobre la novela:

¡Cuidado con dar cosas por supuestas!

  • Los puntos clave. Ya sabemos que la trama va a darle el mordiente a nuestra historia, ¡pues que no se os olvide! Hay que encontrar un equilibrio entre ser sutil y pasarse de listo.

Como ya hemos comentado, el lector tiene que entender en todo momento qué está pasando, aunque no entienda por qué (eso ya se lo iremos desvelando). Eso significa que si vamos a ir soltando pequeñas perlas en nuestro argumento, hay que ser muy consciente de cuando una de esas es de vital importancia y cuando es solo un señuelo. Una de las cosas más frustrantes es leer un libro en el que llega un momento que no sabes de que va.

Cuando tuve terminado el primer borrador de proyecto Aesteria y empecé a rastrear las pistas que iba dejando para revelar la trama central, me di cuenta de que había dado la misma importancia a las pistas claves que a las señuelo, de manera que el lector no podía establecer en su cabeza una teoría de lo que podía pasar. Como resultado daba una sorpresa que quedaba deslucida por parecer demasiado inverosímil. Dios bendiga a los lectores cero (tratadlos con mucho cariño, son oro puro)

No solo la escaleta os puede ayudar mucho en este sentido, leer la novela en pequeños fragmentos es muy útil porque os hará daros cuenta de si ese párrafo tan largo no dice nada y si ese tan cortito, en el centro del capítulo (y que es importantísimo), pasa totalmente desapercibido.

  • Transición = tostón. ¿Un libro de capítulos cortos es más entretenido? ¿Una novela con pocas descripciones es más dinámica? ¿Si hay muchos diálogos el lector no se aburre?

No a todas las preguntas y…sí. Las transiciones en las novelas tienen varios objetivos: lograr una inmersión en el mundo, detallar lo que esta sucediendo, hacer más real y cercana una acción y un largo etcétera.

Y como todo en esta vida, el equilibrio es la solución a todos los males.

Es importante que consigáis sumergir al lector en vuestra historia y las transiciones o los elementos de apoyo, son muy importantes en este sentido. No todas las frases de un diálogo deben de salir de un discurso de Obama, la gente dice “macho”,“tía” y “vete a la mierda” (o más, si es genero +18), pero también hay que saber que nadie quiere escuchar un diálogo de ascensor que no lleva a nada.

Del mismo modo, la narración fuera de los diálogos puede tener el mismo efecto soporífero si nos pasamos de detalles o demasiado vacío, si los diálogos parece que ocurren en la nada (hay un artículo muy interesante sobre este tema, os aconsejo que le echéis un vistazo). Recordad que Tolkien ya hubo uno y además se inventó un idioma nuevo.

Uno de los consejos que más me ha ayudado es coger la rutina de leer lo que he escrito el día anterior. En el caso de las transiciones es especialmente útil, porque cuando tu mismo empiezas a leer en diagonal (saltándote partes), te das cuenta de lo vacío que está ese capítulo que tan redondo te parecía ayer.

  • Ten el final, enlaza el principio. Por último incluyo un aspecto que es de cosecha propia (y que puede que no sea tan útil para algunos). Hay veces que incluso teniendo la escaleta y sabiendo de que quieres que pase en el capítulo en cuestión, es difícil empezar a escribir.

Una de las cosas que me ayuda mucho es que el final de cada capítulo me de la entrada para el inicio de otro (no tiene porque ser el siguiente). Aunque el resultado no tiene porque ser el adecuado, esta técnica me permite escribir sin tener que pensar por dónde empiezo (uno de los catalizadores del bloqueo del escritor). Más tarde, cuando toque revisar y editar, se pulen los errores (o se borra el capítulo por completo), pero siempre se tiene un gancho de inicio.

Cuando trato de explicarle a la gente cómo escribo los capítulos, siempre digo que en mi cabeza está el tronco y las ramas del árbol, y que luego me dedico a ir pintando las hojas. (Y luego ya veo si me ha quedado un árbol de segundo de EGB o uno de cuarto de Bellas Artes).

Recordad que hay muchos elementos que conforman vuestro libro, unirlos y que resulte en algo coherente, limpio y entretenido depende de vuestra habilidad para narrar. Recordad también que no es cuestión solo de talento (aunque eso tiene que ayudar claro), si no también de trabajo duro: ¡leed, no paréis de hacerlo! Y sobre todo…

¡No dejéis de escribir!

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Un comentario en “La arena del reloj: narración

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