¿Necesita un escritor estar inspirado para ponerse a escribir?

Es una pregunta que seguro que os han hecho, y que después de meditar y mirar hacía los lados (para asegurarte de no romper el mito), respondes con un escueto: no.

El oficio de escritor, como casi cualquier otro, tiene un alto componente de esfuerzo  (sudor y lágrimas) que no se puede solventar de otra manera que no sea poniéndose a ello, pero también hay que conceder que hay veces en las que las palabras tardan en llegar o, cuando llegan, no tienen mucho sentido: el temido bloqueo del escritor.

Cierto es que a veces es mejor escribir lo primero que te salga que no escribir nada, pero hay otras que incluso cuesta dar el primer golpe de tecla (¡Ojo! Que no estoy hablando de ni siquiera ponerse delante del ordenador. Eso se llama de otra manera).

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En esos casos, lo más sencillo (y más cómodo) es hacer de “escritor de raza” y quejarte: por tu mala suerte, las vacaciones de tus musas o tener vacía la cafetera.

Pero hay otro camino: más feo, más oscuro y mucho más largo, que puede solventar ese vacío que te impide teclear como si no hubiera un mañana.

¡Ay! ¿Qué haríamos sin la maravilla tecnológica de la red de redes?

Hoy por hoy, tenéis a vuestra disposición infinidad de soluciones, herramientas y recursos que os pueden quizá con suerte inspirar, pero sobre todo hacer que vuestra escritura sea más fluida y esquiva con el temido bloqueo.

Hay varios caminos y formas diferentes de buscar una solución ante el “blancón” y en mi afán de echar un cable a los que van llegando al lugar (donde se crean los sueños ¡ja!), os hago una compilación de algunos recursos que me ayudaron en su momento (y que lo seguirán haciendo por los restos).

Ejercicios para activar tu creatividad (y tus dedos lentos como tortugas).

Fue una de las primeras sorpresas que me encontré por la red (indagando y buceando), lo del bloqueo es más habitual de lo que parece y hay gente maravillosa que se ha dedicado a compilar y redactar sus propios trucos y ejercicios para evitarlo.

En la gran mayoría de estos artículos no se busca hacer de ti un Stephen King, pero sí que tengas la capacidad de desbloquear tu mente, de manera que tengas que ponerla a producir.

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Gabriella literaria nos propone diez ejercicios para poner a trabajar a nuestras neuronas. Todos ellos intentan incidir en tu forma de plantearte la escritura, lo que es muy bueno, pero sobre todo juegan con la necesidad de buscar alternativas a la forma en que tu mente funciona, lo que es mucho mejor.

Si queréis adentraros más en este sistema, David Olier tiene una serie de post, detallados y bien explicados, en los que nos muestra como “creativizar” vuestra mente. Ejercicios basados en consignas muy sencillas que terminaran, si lo intentáis, por haceros escribir de maneras que no imaginaríais.

Os cuento un pequeño secreto. Utilizando el ejercicio que propone David en el primer post (el que os enlazo), me surgió una idea loca juntando tres palabras (que en ese caso no fueron al azar) y que me han dado pie a escribir un pequeño relato (que empieza a convertirse en algo más). Esas tres palabras son: gato, teletransporte y trainspotting (ahí lo dejo).

Por último, os dejo un artículo de Irisdeasomo en el que nos relata su experiencia con el abominable bloqueo del escritor.

Siempre viene bien leer a otros que han querido compartir su experiencia con nosotros y de la que podemos extraer nuestras propias conclusiones.

Y ya de paso dar el salto al siguiente punto.

¡Muévete!

Si habéis echado un vistazo a los post que os propongo y habéis terminado por el de Irisdeasomo, quizá os hayáis percatado de que casi todo se basa en sacarte de la zona de confort. Hacer que tu cerebro encuentre nuevas (y retorcidas) formas de usar su capacidad.

Hasta ahora lo hemos intentado delante del ordenador (o del bloc de notas), pero ¿y si salimos a dar una vuelta para ver qué se cuece?

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Soy ciclista aficionado (tradición familiar) y no son pocas las veces que he tenido alguna idea bastante interesante mientras me dejaba los “higadillos” subiendo algún puerto. Ahora trato de tener la opción de poder escribirla en algún lado, y ya de paso me doy un descanso (que me hago mayor).

La gasolina que alimenta nuestra creatividad son las ideas.

Nuestro cerebro tiene una forma particular de ver la realidad. A veces un gesto, una conversación, una imagen o un sonido, pueden hacer que piezas que flotaban en el líquido de las ideas (que yo me imagino como un caldo de cultivo bacteriano, en su placa de Petri y todo), se junten sin previo aviso.

Vivir en la cueva seguro que le funciona a algunos, pero estar en movimiento y echar combustible a la hoguera es algo que puede ayudar.

Solo un pequeño aviso (sobre todo para los memoria de Dori, como yo) acordaos de llevar algo para anotar esa idea repentina y mágica que os acaba de llegar. Si eres un ser relativamente analógico, un pequeño bloc de notas y, si no, hay alternativas útiles y sencillas como Evernote.

Y pasamos al último punto (que os va a sonar a los que os pasáis de vez en cuando por aquí).

¡Lee! (No lo repito más ¡ja!)

Imaginaos que un pintor pudiese ver como Picasso dibujó los primeros bocetos de su Guernica, como fue avanzando y completando la obra para ser lo que hoy conocemos.

¿Tienes problemas para construir el mundo de tu novela? ¿No terminas de lograr que los diálogos fluyen de manera precisa y entretenida? ¿No eres capaz de equilibrar la trama?

Lee, da igual el libro (porque de todos se puede sacar provecho). Sácale partido a la suerte que tienes como escritor de poder leer a genios del género, a otros que como tú acaban de empezar o a locos incomprendidos. Sumérgete en esas páginas y seguro que en algún momento se enciende la bombilla (luego ya lo de no caer en el plagio cada uno con su conciencia).

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Y de nuevo volvamos a recordar la zona de confort. Trata de leer libros que no sean de tu género favorito, lee ensayos y pásate por esos blogs que tanto te gustan (y a los que tan poco caso haces porque no tienes tiempo. Ya, ya, que yo os entiendo)

Y si no os suena demasiado convincente, aquí tenéis dos post interesantes de Sinjania y Lara Coto (que he descubierto hace nada), que quizá os puedan dar mejores argumentos en este sentido.

Dejemos de lado los “no estoy inspirado”, “no me viene nada a la cabeza” o “estoy en blanco”, para pasarnos al lado del trabajo como escritor, ese que nunca debe parar si queremos seguir avanzando.

Así que…

¡Nunca dejéis de escribir!

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6 comentarios en “Produciendo en la fábrica de ideas

  1. ¡Interesante artículo! Yo siempre he dicho que no hay que depender de la inspiración para ponerse a escribir, pero hay que reconocer que cuando te sientes bloqueado la echas muchísimo en falta. Mil gracias por mencionar mi blog ¡Y tomo nota de todos los consejos, muy útiles! 🙂
    ¡Un saludo!

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Gracias a ti por hacerme una visita!

      Lo bueno de internet es que te permite encontrar una buena cantidad de recursos a los que agarrarte en casos peliagudos. Además creo que trabajar en esa línea termina ayudando a hacerte mejorar.

      Dicen que el cerebro es muy parecido a un músculo, hay que ejercitarlo y se hará más resistente, más fuerte y más útil y algunos de los ejercicios que me he encontrado ayudan a tener una menta sana.

      Gracias por el comentario.

      Un saludo.

      Me gusta

  2. Buena entrada, esto del bloqueo es cosa mala. Me gustan las actividades para desbloquear, yo tengo varios juegos que uso cuando me estanco o cuando las ideas no me fluyen. Son chorraditas, pero funcionan y además escribo algunos relatos —muy locos—. Ya sabes, dos pájaros de un tiro.
    Yo tengo ya 5 cuadernos de ideas, algunas completamente desarrolladas, otras poco más que nombres sueltos o escenas al azar… Una vez leí algo sobre un escritor japonés que afirmaba que no había sido capaz de generar una idea nueva en más de 30 años, sin embargo, sobrevivía gracias a los cuadernos con ideas que guardaba. Eso me marcó y desde entonces siempre voy anotando cosas aquí y allá.. Esos cuadernos míos son un tesoro. Muchas ideas se quedarán en ellos y no serán escritas jamás, algunas ya están tachadas… ya sabes cómo funciona esto.
    En fin, las ideas vienen, van… Estaban aquí antes y nosotros las descubrimos… las arrastramos desde el mundo de las ideas y les damos forma… o solo las recordamos… Ah, qué filosófico todo.
    Coincido al 100% con el tema de leer. Tienes que leer mucho para mantener el cerebro activo, al fin y al cabo, tienes que darle buena comida si pretendes que funcione bien. Si lo alimentas mal —con mala literatura, con televisión y esas cosas— se acaba por atrofiar. Es como el cuerpo, si te alimentas toda tu vida a base de McDonalds, palmarás antes de los cuarenta.
    Es ley de vida.
    Un saludo, Yon, gran artículo.

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Hola Jaume!

      Fíjate que pienso que dos de las excusas (por no poner motivos) más típicas son: “no tengo ideas” y “escribir sobre ese tema no me pega”.

      Y ambas se pueden solucionar con un poco de empeño. Yo en ese sentido soy más de Scrivener y Evernote (y de que me fijo en algunas cosas un poco raras). La mayoría de veces veo algo en la calle que me llama la atención o me hace gracia y, a veces, una palabra se cuela en medio de esa imagen. Entonces corro y lo anoto en Evernote. Tengo un proyecto abierto en Scrivener de “movidas varias” con grupos de ideas-palabras que un psicólogo tildaría de perturbadoras, pero es mi sistema. Hay veces que esos grupos no me sirven para nada y hay otras que me dan para escribir largo y tendido. Pero eso no se logra esperando a que se aparezca la musa, eso lo tengo claro.

      No puedo imaginar que exista un escritor que no lea (quizá es por limitación educacional, no sé). Es como si un entrenador de baloncesto no viese partidos de basket. Con la diferencia que con los libros te puedes permitir el lujo de leer a los genios por un módico precio y a todo el mundo le parece bien.

      Gracias por la visita y por tus palabras.

      Un abrazo.

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