Nunca vas a ser rico, porque ya eres honrado.

Agustín Salgado. Mi padre.

Durante mucho tiempo pensé que esa frase lapidaria de mi padre, tenía que ver con mi capacidad para retener algunos dígitos en mi cuenta bancaria y mi habilidad para el trabajo minucioso y desagradecido. Hasta hace no mucho había sido bastante cierto, pero desde hace unos años me viene rondando la cabeza que mi padre era más místico de lo que yo pensaba —tendríais que haberle visto cortando leña modo vasconeitor 2.0, aunque luego Año Cero era su revista de cabecera—.

Principio de Pareto (aplicada a la venta)

El 20% de los productos que proporcionan el 80% de la venta.

¿Y todo esto qué relación tiene?

Ha pasado ya casi un año desde que este blog empezó a caminar. Durante todo ese tiempo han pasado tantas cosas, y mi vida ha cambiado tanto, que incluso da un poco de vértigo

He escrito un montón de post relacionados con la nueva vida del escritor tecnológico (ese 2.0 o incluso 3.0), sobre lo importante que es, y que he ido descubriendo, darse cuenta de que la imagen de escritor bohemio y ermitaño se quedó muy, muy lejos. Y, como era lógico, eso me ha hecho pasar por una revisión de mis creencias y pensamientos al respecto de las redes y el omnipresente mundo de internet.

Leo lo que escribí en Redes, Los peligros de la vida moderna o Reflexiones de un autor novel —hace ya seis meses, cómo pasa el tiempo— y pienso que algunas cosas van cambiando, quizá porque también van surgiendo nuevas motivaciones, pero que la gran mayoría de los aspectos que me preocupaban en esos post lo hacen cada vez más y, no solo eso, parece que son preocupaciones comunes a muchos de mis compañeros de esta comunidad.

Podéis leer los clásicos errores a cometer en twitter en el blog de Cabal, la insistencia de la comparación con los clásicos y la necesidad de tener una referencia de Rafa de la Rosa, la preocupación de Rocio Vega por los gustos de cada uno y el auge, cada vez más molesto, del fenómeno hate o la entrevista que hace R. Caldera a Piper Valca, una visión diferente de lo que ofrece el panorama literario.

Estos son tan solo algunos ejemplos de los muchos artículos que salen al mes sobre un tema que empieza a ser el epicentro de lo que percibo en la comunidad literaria.

¿Qué es ser un buen escritor?

Ya dije en su momento que mi visión clásica a la pregunta era la de una persona que utilizaba sus habilidades para transmitir, en forma de novela, relato o artículo, su forma de ver el mundo.

Quizá demasiado ingenuo, no lo sé.

Entonces miró a las redes y me digo:

Ahí está la respuesta.

giphy-42Y entonces Pareto coge su ley y me la estampa en la cara con bastante efectividad

Porque resulta que en las redes el 80% de los perfiles apenas aportan poco más que publicidad y contenido ajeno.

Eso deja a un 20% —e incluso diría que menos— para generar el contenido que el resto utiliza como palanca.

Un vistazo a este post de Autorquía te deja en bandeja la gran mayoría de blogs  a seguir —aunque seguro que hay alguno más por ahí, no son demasiados, ¿no os parece?

Y no me parecería mal si la alineación de los planetas hiciese que ese 20% tuviese el reconocimiento por el trabajo realizado, pero la vida real no es así. Las librerías nos están llenas de los libros de los compañeros que semana tras semana lanzan contenidos útiles e interesantes. Tampoco salen en las conversaciones de la gente. Y muchas veces se contentan con un mínimo de reconocimiento.

Lejos de ser pesimista creo que la reflexión me lleva hasta la primera frase, la que mi padre casi convirtió en un mantra por el que guiarse.

Alguna vez he hablado de las reglas del juego por las que se rige nuestra sociedad. Muchas veces ni siquiera son justas o ecuánimes —podíamos hablar horas del tema LGBT—, incluso es bastante habitual que no sea necesario hacer las cosas especialmente bien para triunfar. Hay veces que basta con tener suerte, un padrino o dineroaunque Ana González te puede dar bastantes razones para pensar en lo contrario—.

Esas reglas que a veces dan rabia, pero son las que tenemos y con las que debemos hacer nuestro juego. Pero aquí si que me sumo al discurso de Ana: hay que trabajar.

Ser honrado con lo que uno cree que es su profesión. 

Seguramente si os pregunto por qué empezasteis a escribir, la gran mayoría de los que copáis ese 20% me contestaréis que es porque es algo que os llena, que os gusta, que os hace sentir que vais por el buen camino.

Pero a todo el mundo le gusta ser reconocido.

giphy-41.gifY si es con billetes verdes mejor

Ahí creo que radica la diferencia esencial entre la gente que utiliza las reglas para sacarles el máximo partido, sin importarle la coherencia o el buen gusto, con el único objetivo de buscar un lucro fácil y desleal; y la gente que vive la escritura como algo esencial, como algo propio, como una forma de expresión, y que piensa que compartir sus sentimientos y conocimientos no es ninguna pérdida sino una oportunidad de crear algo diferente.

¿Crees que ofrecer, sin consentimiento, páginas de descarga de libros “gratuitos” es una buena forma de ganar seguidores?

¿Hacer una reseña destructiva a un libro que no te ha gustado te hace sentir mejor?

¿Te parece bien decirle a todas esas personas que no ven la vida como tú, que están equivocados y son unos perdedores?

Es bastante probable que te encuentres en ese otro 80%, incluso que tengas éxito y que miles de personas como tú te sigan y alaben tu valentía y tus ganas de ir contracorriente.

Incluso es bastante probable que tu libro llegue a las estanterías de una gran superficie y te hinches a ganar dinero.

No siento ninguna envidia.

Seguiré escribiendo, sentándome día tras día delante del ordenador con el firme objetivo de escribir dos mil palabras con sentido, o sin él, con ganas de aprender de otros compañeros que, como yo, están semana tras semana sudando tinta china. Pero, sobre todo, respetando el trabajo de gente que no tiene ningún problema con compartir, ayudar y buscar una forma diferente de hacer las cosas.

¿Sabes por qué?

Porque escribir es mi trabajo.

Y mi padre también me dijo que coger el camino corto, la gran mayoría de veces, implica pasar a alguien por encima. Y eso no suena demasiado bien como mantra.

Así que…

¡Nunca dejaré de escribir!

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