Después de terminar La guerra interminable, estuve un rato dándole vueltas a cómo debió ser la idea original que llevó a Haldeman a crear a los taurinos como respuesta a una sociedad humana que cambiaba con el paso de tiempo, hasta hacerla irreconocible.

Quizá uno de los logros de la novela es hacer que ese tránsito se haga de manera paulatina, utilizando al principio puntos a los que agarrarse para ir disolviéndolos en pos de una nueva realidad. Ni que decir tiene que me parece un trabajo magnífico. Pero eso no dejó que siguiese pensando en la idea original:

¿Qué tengo que hacer para cambiar la realidad y presentar un mundo alternativo?

Nos hemos ido a Canadá, de vacaciones (de hecho escribo este post mientras por la calle pasan camiones que nos son chatos y la gente lleva gorras y mallas por doquier). Molaría escribir que vinimos para escapar del tórrido verano madrileño o por la necesidad de dejar de lado la política nacional —un ratito—, pero la realidad es que unos amigos nuestros viven en Vancouver y era una muy buena oportunidad para visitar un país que de otra manera es prohibitivo.

Era ayer mismo, en la cena, mientras nos poníamos ciegos de Sushi en un eat all you can, cuando le comentaba a mi amigo Carlos que si un canadiense fuese a España fliparía fuerte durante el primer mes.

Vancouver está a unos nueve mil kilómetros de Madrid y solo tiene un time lapse de nueve horas. Podríamos decir que es muy contemporáneo. Muy, muy. Y aún así esto parece otro mundo.

¿Y si Haldeman —estadounidense— se dio un paseito por, qué se yo, Grecia, y alucinó tanto que dijo: “ya lo tengo”?

Muchas veces pensamos que mostrar al lector un mundo diferente, lleno de matices y que sea capaz de representar algo claramente diferente, consiste en buscarle tres pies al gato. 

¿Y si quizá fuera tan fácil como mirar un poco alrededor?

Las reglas solo están en tu cabeza

Antes de qué nos volvamos locos, hay cierto tipo de normas que, por ética, son de uso general. Creo que hay una asignatura en Derecho que se llama Derecho natural, aquello de todo ser humano no será tratado diferente por motivo de raza, religión o condición.

Bueno, quizá podáis daros una vuelta por Twitter o ver alguna peliculilla por ahí —por ejemplo, Hidden figures.

Aquí, en Vancouver, la marihuana es legal, se puede hacer una barbacoa en cualquier lugar —esto está lleno de árboles por todos lados— y montar un negocio es tan sencillo como ponerte a ello (no hay seguro de autónomos, por ejemplo. Todo muy loco). Peeeeeeeeero, no te puedes beber una cerveza en una terraza, te multan por depravado.

Cuando uno trata de pensar cómo será la Tierra dentro de trescientos años, es bastante difícil no tomar en consideración cierto tipo de reglas ya existentes o dibujar una sociedad en la que se puedan reconocer fácilmente ciertos aspectos, como por ejemplo la religión o la presencia de los medios de comunicación. Y no está mal, desde luego, siempre y cuando no rompas tus propias reglas.

Es fácil, sobre todo en la ciencia ficción, trabajar en un mundo alternativo o futuro, que nada tenga que ver con el nuestro o que sea una representación steampunk del mismo.

La clave está en no pasarse la credibilidad por el forro de lo que ya imagináis, pero tampoco hay que buscar alternativas a doscientos millones de años luz. 

Hay veces que sentándose en un banco con unas pipas (y una bolsita para no poner el suelo perdido) y observando un rato tienes material para varias novelas.

Verosímil no significa coherente

Sigamos con la maravillosa Vancouver.

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Resulta que uno de los objetivos de la ciudad de la  Beautiful British Columbia es convertirse en la ciudad más ecológica del mundo en diez años. Y la verdad que la ciudad es un verdadero ejemplo de ecología en casi todos los sentidos: parques enormes y cuidados, azoteas provistas de jardines ecológicos (subvencionados por el gobierno), edificios sostenibles y urbanización pensada para la sostenibilidad, carril bici por todos los lados (incluso carreteras de uso único) y un largo etcétera.

Quizá solo un detallito, sin importancia, aquí si no llevas un coche con un motor de más de 250 caballos no eres nadie. Incluso en los anuncios el reclamo es del tipo “ahora disponible en motor 5.3” (yo ya pensaba que por encima de 2.2 eras un degenerado). Y no se yo si un coche de esas características es muy ecológico, y coches hay. Muchos.

Las reglas que rijan tu mundo deben de ser creíbles, pero nadie ha hablado de que tengan que ser coherentes, porque la coherencia parte de una visión concreta del mundo.

¿Quieres que la sociedad de tu mundo ame los animales e incluso sea causa de pena de muerte maltratar un animal, pero la vida humana no valga absolutamente nada?

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Adelante. El límite solo lo pone tu imaginación.

El sentido común y la ética son solo reglas avanzadas

Última parada, en este post, de Crónicas de Vancouver:

Vas a una tienda, no tienen el producto que buscas. Te indican como llegar, con todo lujo de detalles, hasta otra tienda —que nada tiene que ver con la suya— y te dicen que seguro que ahí te pueden ayudar.

Pensamiento de persona 1: “Joder que majos son en este país, que te mandan a dónde te pueden resolver el problema”.

Pensamiento de persona 2: “Mira que son tontos en este país que te envían a la competencia y pierden ellos el tiempo y el dinero”.

Ambas personas pertenecen al mismo país y por ende con las mismas leyes, sentido común, lógica y ética.

Lo que para un ogro es un mimito, para un humano es como un sartenazo en la cabeza.

Este es un pequeño extracto de Tres enanos y pico, una descacharrante historia fantástica que tiene tantos guiños a la vida real que es un verdadero baño de humildad.

Pero esa frase en concreto, es un compendio de intenciones y de argumento contra ventajosos, extremismos y modismos varios.

Es de sentido común, y de lógica aplastante, que si le pegas una patada a un señor en los mismísimos, este mismo señor tenga todos los argumentos para tomarse la justicia por su lado. 

Quizá en tu mundo es una forma de saludo básico, quizá una forma de mostrar respeto o simplemente de mostrar superioridad ante una casta inferior.

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A lo que voy es que el sentido común, la lógica y la ética son aspectos que parten directamente de nuestra concepción particular y por lo tanto no dejan de ser una serie de reglas, no escritas, por las que regimos nuestra vida.

Cuando se crea otro mundo, puede hacerse con nuestras propias reglas, unas inventadas o un refrito de cosas sin sentido.

Lo importante a la hora de crear ese mundo es tener dos cosas en mente:

Las reglas las pones tú

Y…

Si quieres cargarte esas reglas (que en los cursos de escritura se habla mucho de eso), tiene que estar muy bien argumentado.

O tus lectores te odiaran con suma facilidad.

Así que abrid los ojos, observad y…

¡Nunca dejéis de escribir!

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Un comentario en “Cómo crear las bases de otro mundo

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